TEORÍA DEL OJO 

 

 

Mediante el examen del ojo y los matices de su colorido puede no solamente juzgarse la valía del sujeto, sino también conocer los cruzamientos ope­rados en su familia y dictaminar las aptitudes que posee para los viajes y la reproducción.

 

El perfecto conocimiento de los ojos de la pa­loma permitirá al aficionado el poder hacer una se­lección severa e inteligente de los productos obtenidos de sus reproductores, así como la manera de cruzar a éstos, ganando no solamente tiempo con ello, sino también evitando el tener su palomar po­blado de ejemplares que, si bien a la vista resultan muy bonitos ejemplares, propios para exposición, las más de las veces no poseen gran valía, pues no debe olvidarse que los concursos exigen palomas que reú­nan todas las cualidades esenciales para poder triun­far: excelente sentido de orientación, perfecta muscu­latura, un no menos perfecto equilibrio del cuerpo, tenacidad y, lo que es más difícil, ponerlo en ruta a la distancia para la cual tiene mayores posibilida­des de triunfo.

 

No todas las palomas pueden triunfar en un con­curso de velocidad, medio fondo o fondo. Hay po­cas, muy pocas, capaces de clasificarse entre las pri­meras en todas las distancias, y las numerosas pér­didas que muchos colombófilos cosechan durante la temporada de concursos no pueden ni deben ser atribuidas siempre a la poca valía del sujeto, sino más bien al completo desconocimiento de su prepa­rador, por ignorar de lo que es capaz cada una de sus palomas, mejor dicho, por no haber sabido cla­sificarlas como aptas para velocidad, medio fondo o fondo, o sencillamente como reproductora si sola­mente posee esta cualidad.

 

Una mala viajera puede ser una excelente repro­ductora, y un mal reproductor hubiera podido ser un formidable viajero si su dueño hubiese sabido clasificarlo.

 

¡Cuántas y cuántas palomas perdidas cada año por esta causa! Con frecuencia oigo decir: «Me voy a sacar a tal macho o hembra, pues lo he cruzado con varias de mis palomas y no me ha proporcionado ningún hijo de valía.» Pero habría que pre­guntarle: « ¿Es verdaderamente un reproductor?», o bien: «Las palomas con las que lo apareó, ¿poseían cualidades de reproductor?» Difícil le resultará la respuesta si no aprendió bien a clasificar a sus palo­mas mediante el examen de sus ojos.

 

Ellos permiten emitir un juicio razonable, y ade­más muestran la sangre que corre por las venas de cada sujeto. Un ojo en el cual el círculo de corre­lación es de color amarillo limón nos indica el paso por su sangre de la de los Grooters, representada por ellos mismos o bien por los Bricoux, Demil, Van- derlinden, etc.

 

Un ojo de color aceitoso o con el círculo de co­rrelación amarillo y el iris de tonalidad encarnada nos demuestra que allí dejó huella de su paso la sangre de los Delmotte, de la misma manera que un ojo cuyo círculo de correlación es blanco permite apreciar la sangre de los Ulens, Pittevil, etc.

 

De idéntica manera, el examen del plumaje puede ayudar muchísimo en el conocimiento de las razas. Una rabadilla blanca indica la sangre de los Wegge; una o varias plumas blancas en el ala, manchas blan­cas en la cabeza o el cuello, y también una plumita blanca junto al ojo, muestran el paso de la sangre generosa de los Grooters, por los Gorge-blanche. Unas plumas en el cuello nacidas a contrapelo que forman la llamada corbata indican que ha heredado, por atavismo, la sangre de los Ulens, el tronco de todas las ramas existentes en colombofilia.

 

El ojo de la paloma tiene, pues, una gran impor­tancia, principalmente cuando se trata de formar parejas para la reproducción, puesto que sin un ver­dadero conocimiento del mismo que permita efectuar una perfecta clasificación se corre el riesgo de aparear a palomas aptas solamente para los concur­sos.

 

Un detenido estudio de los ojos permitirá al aficionado apreciar si sus palomas deben ser des­tinadas a concursos, a la reproducción o bien a ser sacrificadas por no- reunir condiciones para ninguna de estas tareas.

 

El ojo está constituido por la pupila, el circulo de adaptación, el círculo de correlación, el iris y el quinto círculo, por este mismo orden empezando por el centro del ojo hacia afuera.

 

La pupila es enteramente redonda y se dilata o contrae según la intensidad de la luz a la que se halla expuesta.

 

El círculo de adaptación es delgado, pudiendo al­canzar la cuarte parte, el tercio, la mitad, o envol­ver totalmente a la pupila. Cuanto más fino y com­pleto sea, mejores aptitudes denota el sujeto tanto para los viajes como para la reproducción.

 

El examen del círculo de adaptación a-simple vis­ta se presta a confusionismos, puesto que hay pa­loma que parece desprovista de él, por lo que es aconsejable que cuando se examine el ojo de una paloma se efectúe a la luz solar y aún mejor ayu­dado de un cristal de aumento. La luz solar hace contraer la pupila y permite una mejor visión del círculo de adaptación. El círculo de correlación acos­tumbra a ser de color amarillo o blanco y de ta­maño mediano; en las palomas de fondo es más es­trecho. Algunas de ellas no lo poseen y se llama ojo lleno el que está faltado del círculo de correlación debido a que el matiz del iris ocupa el tercero y cuarto círculos.

 

El iris es la parte más amplia y constituye el cuar­to círculo del ojo. Todos los matices son valiosos a condición de que estén exentos de pigmentación. Cuanto más intensa es la coloración del iris, mayor valía acusa el sujeto como reproductor y viajero a todas las distancias. En cambio, no cabe destinar a la reproducción a las palomas de iris muy claro.

 

El quinto círculo está situado en la extremidad del globo del ojo, rodeando enteramente el iris, y lo poseen todas las palomas. Es muy delgado y del mis­mo color que el círculo de correlación, aunque éste es de un matiz más intenso.

 

Un ojo está perfectamente situado cuando, tra­zando una línea desde el centro de la pupila, ésta encaja en la línea de separación de las dos mandí­bulas del pico.

 

La pupila pequeña es la preferida en las palomas destinadas a los concursos, ya que ella denota que es apta para toda clase de distancia. Si es muy pe­queña, se clasificará para concursos de fondo y gran fondo y si, por el contrario, la pupila es muy gran­de demostrará que es más bien apta para distancias cortas.

 

 

La comprobación del ojo de la paloma en la tabla colorida que expongo a la consideración de mis lectores, con la clasificación de cada uno de los ojos, pondrá al alcance de los aficionados unos conoci­mientos que hasta la fecha muchos de ellos no pu­dieron alcanzar, ganando no sólo tiempo con ello, sino también la posibilidad de concursar con mayo­res probabilidades de éxito y así mismo de seleccio­nar y cruzar a sus reproductores de una manera juiciosa.

 Galilea.

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